Archive for the Antigüedad Category

La 4ª piramide de Giza

Posted in Antigüedad, Curiosidades, Historia on julio 23, 2008 by denis91

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Hace ya la friolera de 4.500 años, un hijo de Keops y hermanastro mayor de Kefrén llegó a faraón con el nombre de Dyedefra (2556 – 2547 a.C.) y construyó una pirámide más alta que la de su padre –la conocida como Gran Pirámide en Giza– en Abu Rawash, a sólo 8 kilómetros de distancia. Pero cuando llegaron los romanos, se fueron llevando el monumento piedra a piedra para construir las casas del antiguo Cairo, y la pirámide fue desapareciendo a lo largo de los siglos a un ritmo de 300 cargas de camello al día. Hasta mediados de los 90, arqueólogos e historiadores creían que nunca llegó a terminarse y apenas quedaba memoria del casi desconocido faraón que la erigió.

En 1995, un equipo franco-suizo bajo la dirección de Michel Valloglia inició en Abu Rawash las excavaciones arqueológicas cuyos sorprendentes resultados revela el documental que Canal Historia estrena en septiembre con el título “La pirámide perdida”. Ellos han sido los que han hallado el cartucho con el nombre del faraón en jeroglífico, prueba irrefutable de que allí estuvo Dyedefra, faraón de la dinastía IV y el primero que incluyó al dios del sol, Ra, en su nombre. Reinó a continuación de su padre, Keops, y precedió a su hermanastro Kefrén en el trono del Alto y el Bajo Egipto.

En su presentación internacional, el profesor Zahi Hawass, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, confirmó que “la pirámide de Abu Rawash fue más alta que las de Giza y la mejor calidad de sus piedras favoreció que se reutilizaran a lo largo de los siglos para construir El Cairo”. De hecho, este monumento medía 7,62 m más que la Gran Pirámide, que ya se elevaba 146 metros sobre el suelo de Giza. Cada una de las caras de su base medía 122 metros. Se construyó con caliza y granito rojo de Asuán, se acabó con granito pulido y se cubrió el piramidón con una aleación de oro, plata y cobre que la hacía resplandecer al sol. Cada una de sus piezas pesaba hasta 25 toneladas y se necesitaban 370 personas para moverla. Este yacimiento podrá visitarse a partir de 2009.

Nuevos tesoros rescatados en Alejandría

Posted in Antigüedad, Curiosidades, Historia, Novedades on julio 23, 2008 by denis91

De momento, los restos del mítico Faro de Alejandría no aparecen, pese a que el arqueólogo francés Jean-Yves Empereur afirma que los bloques sumergidos a los pies del actual fuerte de Quaitbey eran parte del mismo. Sin embargo, la ciudad egipcia sigue regalando tesoros gracias a la tenaz pesca que otro arqueólogo submarino, el también francés Franck Goddio, lleva a cabo en esta luminosa costa del Mediterráneo oriental.

En su última campaña, en mayo, ha rescatado 220 piezas de distintos tamaños y otras 500 que los buzos de su equipo han dejado en el mar bien señalizadas. La mayoría se encuentran sólo a 3 m de profundidad –9 m es el máximo de esta bahía que alojaba el antiguo Puerto Magno alejandrino–, pero “el agua es muy turbia porque hay muchos sedimentos y la visibilidad no supera los 50 cm”, explica Goddio. Los objetos reciben una primera “cura” –agua destilada para desalarlos– a bordo del barco de la misión, el Princess Duda, y luego son tratados por los restauradores Olivier Berger, experto en metales, o Catherine Grataloup –cerámica–, con diversos productos químicos según el material.

Sobre la cubierta toman el sol después de siglos de húmeda oscuridad –se hundieron tras los maremotos que arrasaron la ciudad en el s. VIII– una columna, un capitel y un sarcófago de la época romana. También han hallado la base de una estructura de 110 m de longitud por 56 de ancho. “Correspondía a un palacio ptolemaico de verano, quizá del s. III a. C., anterior a Cleopatra, aunque ella también lo usó. Está sobre la isla de Antirodos, hoy sumergida”, dice Goddio. Además, han descubierto dos templos, “uno dedicado a Heracles, pues ha aparecido un altorrelieve del semidiós en forma infantil, y otro a Poseidón, porque tenemos el dedo de una estatua de bronce que debe medir más de 4 m”; y también la cabeza de un sacerdote egipcio en granito negro. A esto hay que añadir que el equipo del arqueólogo francés ha cartografiado por primera vez con precisión el puerto de Alejandría combinando imágenes de satélite con prospecciones geofísicas. Parte del trabajo de Goddio se puede admirar hasta el 28 de septiembre en Madrid en la exposición Tesoros sumergidos de Egipto.

Tesoros sumergidos de Egipto (www.tesoros-sumergidos-egipto.es)

San Juan y Chernobil.

Posted in Antigüedad, Curiosidades, Historia on julio 19, 2008 by denis91

Ayer vi en cuarto milenio una cosa muy curiosa, que seguramente muchos habreis visto, ami personalmente me ha llamado la atención; han encontrado una biblia de San Juan de pocas decadas d.C que predecía que las aguas de la mitad de la tierra se iban a volver amargas y venenosas en el futuro y morirá mucha gente.

Hay una planta ajenjo que antiguamente los egipcios y los antiguos en general pensaban que era el veneno mas poderoso. Se trata de una planta que al mezclarla con agua esta se vuelve amarga totalmente. Pués bien, han encontrado una biblia de San Juan que predecía que en el futuro las aguas de la mitad de la tierra se volverían amargas y matarían y enfermarían a la humanidad.

Curioso; ¿Sabeis que planta es clásica en Ucrania? El ajenjo. ¿Y sabeis que quiere decir Chernobil? Ajenjo.

La batalla de Platea

Posted in Antigüedad, Historia on julio 18, 2008 by denis91

Supongo que todos habreis visto la película 300. Pués bien, al terminar la película se ven miles de soldados de toda Grecia frente al basto imperio persa para echarlos de Grecia después de la muerte de Leonidas y sus 299 hombres. La Batalla de Platea tuvo lugar el 27 de agosto de 479 a. C. donde se enfrentaron los éjercitos persas y griegos durante ocho días en las orillas del río Asopo en los alrededores de Platea y en las faldas del monte Citerón. Esta batalla pertenece a lo que se conoce como la Segunda Guerra Médica entre persas y griegos. En ella murió el general Mardonio comandante del ejército persa y el general espartano Pausanias se cubrió de gloria con el triunfo de su ejército.

El principio de la batalla

A comienzos del verano del año 479 a. C., Mardonio comisionó a Alejandro I de Macedonia para que transmitiera a Atenas una oferta de paz y alianza con Persia sobre una base de igualdad. Los atenienses rehusaron la oferta, pero exigieron a los espartanos que se unieran con ellos en contra del invasor persa. Ante la negativa ateniense, Mardonio se dirigió a Atenas y volvió a ofrecer una alianza a Atenas. Arístides, general ateniense exigió a Esparta una acción inmediata en contra del ejército de Mardonio si quería conservar la lealtad de la ciudad. Como resultado de lo anterior salió del Peloponeso hacia el istmo, al mando del general Pausanias, un ejército espartano compuesto por 10.000 hoplitas. Mardonio prendió fuego a la ciudad y se retiró a Beocia con el propósito de atraer a los espartanos y sus aliados al terreno más favorable para los movimientos de su caballería. Pausanias debe haber llegado al istmo de Corinto probablemente en julio de ese año, allí reunió a los contingentes peloponenses y luego se dirigió a Eleusis donde se le unió Arístides con 8.000 hoplitas y una considerable fuerza de arqueros.

Desde Eleusis el ejército marchó a Eritras ubicándose en las laderas del monte Citerón, desde donde se podía observar el campamento persa rodeado de una empalizada junto al río Asopo.

Combatientes

  • Aliados griegos : el ejército al mando del general Pausanias sumaba 40.000 hoplitas y el resto tropas ligeras. Había contingentes de 19 ciudades estado griegas siendo los de Atenas y Esparta los más numerosos.
  • Aliados persas: el ejército al mando del general Mardonio estaba conformado por alrededor de 120.000 hombres aportados por beocios, aliados asiáticos y los persas que eran el grueso.

Desarrollo

Ambos ejércitos están acampados en los alrededores de Platea, lugar elegido por el persa Mardonio por serle favorable al despliegue de la caballería, arma de la que los helenos carecen y que confía en que le dé la victoria. Mardonio ha acampado en la llanura. Los helenos en las arboladas colinas, donde la caballería persa no puede irrumpir. Ambos ejércitos se miran mutuamente cada día. Nadie ataca, esperando que el contrario lo haga en el terreno desfavorable para él.

Mardonio, cansado ya de esperar y viendo que los helenos, ni aun bebiéndose su agua aceptaban pelear con él, ordenó envenenar los pozos de agua. Él y su ejército tenían más pozos a retaguardia. Para forzar a los helenos al combate, mandó destacamentos de caballería que, dando un rodeo, atacaran y destrozaran las caravanas de suministros que abastecían a los griegos por el sur. Con estas medidas, los helenos quedarían aislados y sin suministros ni agua. Deberían aceptar la batalla de inmediato.

Consciente de las malas condiciones a que se estaban enfrentando, Pausanias, el estratego espartano decidió retirar su ejército. El mismo estaba repartido por varias colinas del lado sur de la llanura. Pausanias había dispuesto la mitad de las tropas de infantería ligera, más numerosas pero más débiles, en el centro. Él con sus espartanos formba el flanco derecho, junto con la cuarta parte de la infantería ligera, mientras los atenienses y el otro 25% de los infantes ligeros se situaban en el flanco izquierdo. De ese modo, las tres partes de su ejército equilibraban sus fuerzas, compensando con la cantidad la menor potencia del centro.

Para realizar la retirada, ordenó que de noche se retirara el centro, unos 35.000 hombres de infantería ligera, y él con sus espartanos, 10.000 hoplitas, se uniría a ellos, para protegerlos en caso de ataque persa. Decisión acertada. Al ser tan grande el número de combatientes, la retirada nocturna fue un pequeños desastre y numerosos efectivos se extraviaron. No así Pausanias y sus hoplitas espartanos, que se mantuvieron juntos. Al amanecer, los flancos comenzaron también a retirarse.

Imagen: Segunda fase de la batalla: Mardonio toma la iniciativa e impide los suministros.

Mardonio, al darse cuenta de la retirada helena y comprender que en una retirada el orden de combate sería menos eficaz, ordenó atacar a sus tropas. Él, con los persas y la mitad de la caballería, se lanzaron en persecución del centro del enemigo, que ya no estaba en el campo de batalla previsto. Mientras tanto, los aliados griegos de Mardonio y el resto de la caballería, 13.000 hoplitas y 5.000 jinetes persas, se enfrentaría a los hoplitas atenienses y a la infantería ligera que les acompañaba.

Mardonio dejó el resto de tropas, unos 16 hombres, al mando de Artabazo, como reserva para emplearlas en función de las circunstancias. Puede verse que la estrategia de Mardonio fue correcta. Hasta ese momento, Pausanias no había tomado mayores decisiones militares, salvo de la de retirarse.

Se libraron, por tanto, dos batallas distintas, los contendientes de una no sabían lo que pasaba con el resto. Mardonio y su caballería e infantes salieron en pos de los fugados. Cuando los avistaron, los hoplitas de Pausanias formaron las falanges para enfrentarse tanto a la caballería como a los arqueros e infantes persas. En primer lugar atacaron los arqueros, de los que los espartanos se defendieron con sus escudos y la formación en falange. La caballería tampoco pudo hacer mella ante una falange erizada de lanzas. Finalmente, la infantería ligera, sin armadura, era rechazada por las largas lanzas de las falanges. Imagen:Tercera fase de la batalla: Mardonio persigue a los espartanos en retirada, mientras el resto ataca a los atenienses en la llanura.

El ejército persa, menor en número que sus oponentes, llevaba las de perder y el desenlace se aceleró al caer muerto Mardonio en la lucha, se dice – asómbrese el lector – que a consecuencia de una pedrada. Al correrse entre sus huestes la noticia de que su general había muerto, cundió la desolación y el ejército persa terminó por desbandarse. Los hoplitas de Pausanias decidieron la victoria helena en Platea.

Mientras tanto, en la llanura, los atenienses resistieron la acometida de los tebanos aliados de los persas y de la caballería persa. La lucha era encarnizada y ninguno de los dos bandos lograba poner en fuga al otro. Por su parte, Artabazo, con sus tropas de Tracia y Macedonia, se mantuvo en una astuto descanso. Esta actitud favoreció el triunfo heleno. Cuando la noticia de la muerte de Mardonio llegó a la llanura, se produjo la desbandada por parte de las tropas aliadas de los persas. Artabazo pudo retirarse con sus 16.000 hombres sanos y salvos, sin haber intervenido en la batalla.

Dominado el campo de batalla, los helenos saquearon el campamento persa. El diezmo del botín pasó a formar parte del tesoro de Delfos, del que hemos de hablar pronto. Los restos del ejército persa abandonaron Tebas y se retiraron hacia el norte para volver a su patria. Los helenos les dejaron ir.

De este modo en Platea, los helenos derrotaron también al ejército persa de tierra. De aquel invencible y enorme ejército que atravesara el Helesponto un año antes no quedaba nada. Ni naves en cantidad suficiente como para hacer retroceder a las helenas, ahora mayores en número y moral, ni fuerzas por tierra. Las ambiciones territoriales de Jerjes quedarían como un recuerdo y no serían una amenaza inminente para los helenos ya nunca más. Al contrario, pasados 150 años la balanza daría un cambio y serían tropas procedentes de una más amplia Hélade, Macedonia incluida, las que invadirían y conquistarían el Imperio persa. Pero de Alejandro Magno ya hablaremos dentro de algún tiempo.

Ni que decir tiene que la completa victoria helena unió a los helenos con mayor intensidad que hasta el presente, pero no con la suficiente, no obstante. Desarrolló un cierto sentimiento de patria y un clara conciencia de que todo el que no era heleno era bárbaro. A este concepto de bárbaro, o extranjero, se le unión una visión peyorativa, como de persona ruda, salvaje, grosera e incivil. Era la imagen que quedó de los persas como incendiarios y blasfemos de los sagrados dioses helenos. El mundo quedaba dividido para los helenos en dos grupos. Ellos, los helenos, en el primero y principal, y todos los demás, que eran bárbaros, humanos de segunda categoría. Hoy esto nos puede parecer absurdo, pero así fue. Claro que los egipcios tenían la misma creencia. En general, en la Antigüedad, la xenofobia, el odio al extranjero, era denominador común de todos los pueblos. Y no tan en la Antigüedad.

Falta la guinda de la tarta. Tras la derrota de Platea, Temístocles y la flota griega, ahora con más naves que los restos de la persa, se dirige hacia la cosa de Asia Menor y durante el 479 entabla combate con ésta hasta hundir la mayoría de las naves en un puerto en el que los persas se habían refugiado. Acto seguido, varias ciudades jonias del litoral se declararon independientes del Imperio persa. Esta inestabilidad se mantendrá durante unos 50 años, hasta que se fijó la paz entre Persia y los helenos. Las ciudades jonias mantendrían para siempre su independencia.

Los espartanos y el ejército de tierra se dedicaron a conquistar las guarniciones griegas de Macedonia y la Tracia. Todas ellas cayeron en poder del ejército heleno, sin reacción por parte de la Persia imperial. La expedición de Jerjes había logrado el efecto inverso, lejos de anexionar tierras, provocó la fuga de algunas ciudades costeras y de los territorios en la actual Europa.

Los helenos habían salido airosos de una situación muy comprometida. Los vencedores habían sido los espartanos en las batallas por tierra, los atenienses, en las batallas por mar. Esta duplicidad va ser fatal para la Grecia del futuro a medio plazo. Tal vez por aquello de que no puede haber dos gallos en un corral. Pero dejemos esas rivalidades para su momento, 50 años más tarde. Ahora nos toca ver cómo se fraguó la democracia ateniense, la belleza de la ciudad y los cimientos de la cultura helénica. Empezaremos por la parte más material., cómo se construía en la Antigüedad.